“…el Mulato y sus hombres repartían caramelos y
pintaban su nombre con escarcha dorada en las paredes, pero nadie prestaba
atención a esos recursos de mercader, porque estaban deslumbrados por la
claridad de sus proposiciones y la lucidez poética de sus argumentos.”
[Allende, “Cuentos de Eva Luna”, p. 18]
Como sabemos, Isabel Allende ensena el poder de la palabra en su historia “Dos
Palabras” como vemos en la cita al principio. Y yo creo mucho en la influencia
que las palabras y historias puedan tener. Quiero ser maestra de la literatura
por causa de mi creencia in la habilidad de las palabras para cambiar el mundo,
pero tengo un criticismo. Hace 70 años la gente iba a escuchar discursantes y
disfrutaron su experiencia, pero ahora, cosas son diferentes. Tal vez cuando
estamos involucrados en políticas escuchamos bien la perspectiva del
discursante y prestamos atención a, “la claridad de sus proposiciones,”etc. pero
estos días nadie presta atención a las palabras, solo la comida y música y
imagines. Algo ha cambiado. Escuchamos cuando tenemos que como en una clase o
cuando alguien nos habla personalmente, pero como grupo, no se importa a nadie.
Tal
vez esta generación es como los perros en UP.
Somos muy distraídos y no escuchamos bien cuando hay algo que habla más a
nuestros deseos naturales como la comida o la música que toca a nuestras memorias,
algo que se conecta más fácilmente o rápidamente con los sentimientos o deseos,
como un ardilla para un perro. No somos tan bestial pero si queremos ser
gratificados inmediatamente y por eso a veces no tenemos la paciencia para
escuchar las palabras afectarnos.
Por ejemplo, en BYU cuando hay hot dogs, ni una persona escucha la razón explicando
porque hay comida y que es el evento. Todos solo quieren comer algo gratis y
saldado lo que sea la razón. Sí, las palabras tienen poder, pero solo si
tomemos el tiempo para escucharlas, como el colonel y la gente que vinieron
para escuchar su discurso.
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