Antes de la
misión fui a Alpine para la fin de semana para cuidar los niños de mi hermana
mayor por dos días mientras ella y mi cuñado disfrutaban su aniversario.
Recuerdo una noche cuando mi sobrino de 6 meses lloraba mucho al medianoche.
Fui a su cuna para recogerlo y calmarlo. En la sombra estaba meciendo el niñito
tan pequeño y cantando unas canciones de la primaria. Había un espejo e el
cuarto y me ví, lo cual me sorprendí un poco. En este momento pensé en como yo
no era la mama de este niño pero estaba tratando lo máximo de cuidarlo. Pensé
en mis padres quienes me aceptaron en mi familia y que Dios me permitió que
pude venir y estar con ellos por un rato y ellos intentaron de cuidarme por Él
para aprender ser como Él es.
No lo reconocí en
mi primer lectura, pero después de leerlo otro vez y analizarlo un poco, me di cuenta
que el poema Mezo a mi niño por
Gabriela Mistral es uno de las obras más impresionante del mundo de literatura.
Me sorpresa que ella no es miembro de la iglesia porque entiende muy bien la
relación que cada uno tiene con el Creador del universo - El es nuestro Padre
Celestial. Ella Hizo la conexión entre nosotros y Dios en una manera que todos
pueden entender. Es algo hermoso. Y no solo el mensaje, pero también la organización, el ritmo y mitre, los sílabas
– todo es casi perfecto. Al leerlo pude sentir las ollas del mar y el meciendo
de un padre/madre tan cariñoso(a). Reconocí la
belleza que está en la poesía latina y conecté a su cultura otra vez por
reconocer la experiencia humana común. Cada persona viene de una familia. Cada
persona viene de nuestro Padre Celestial. Y todos, si seamos afortunados, vamos
a tener la oportunidad de cuidar alguien que no puede cuidar su misma. Y en
este momento, nos juntamos con Dios.